Saltar al contenido

Mamá, ¿y tú con qué jugabas? (Política de igualdad)

mama juegos

Aunque no se trata en sí mismo de un museo de ciencia, hay mucho de científico, y sobre todo de espíritu emprendedor y de lucha en él. Por eso, es inevitable que escriba mi primer post acerca del Museo valenciano del Juguete, que se encuentra en Ibi, Alicante, y que además es la cuna, no sólo del juguete español, sino de una cultura de la innovación y del emprendimiento muy particulares, que viene desde finales del siglo XIX y que continúa, en otros ámbitos industriales, una ciudad con un encantador toque de “laboratorio de nuevas ideas”.

El Museo valenciano del juguete es realmente, tanto para sus creadores, como para sus visitantes, el lugar “donde viven los sueños”, un lema muy adecuado que se refleja desde la misma entrada a la antigua fábrica Payá (fábrica de juguetes del siglo XIX), que ahora alberga los que fueron, y siguen siendo,  los sueños de miles de niños, y de familias que trabajan en la industria del juguete.

Dar un paseo por las dos grandes salas de las que se compone el museo, proporciona a los visitantes una idea general de cómo se inició una industria que permanece hasta nuestros días. En la primera sala en la que entramos encontramos “burbujas” de metal que cuelgan del techo y que albergan una muestra de los juguetes que se crearon, se diseñaron, en la ciudad. Con ello se simula esa fábrica de sueños, esa fábrica de creatividad interior que tenían los fabricantes de juguetes.

En la segunda sala se hace un recorrido histórico de la fabricación del juguete del siglo XX principalmente, y de cómo pretendían ser reflejo de la vida cotidiana de cada década (y así lo anunciaban en su publicidad). Los pasillos por los que pasa el visitante, simulan un viaje a los inicios de la industria juguetera en el que, la hojalata y la pintura llamativa de cada pieza, hacen de este recorrido un lugar del que se puede aprender más de lo que imagina.

Así que… sí, os aconsejo la visita a un museo en el que los juguetes no son tan seguros ni educativos como los de ahora, pero que ilusionaban incluso más a los niños que los poseían.