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Mucho más que agua en balnearios y spa

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Desde los baños celtas y romanos, las culturas antiguas y no tan antiguas ya conocían muy bien los beneficios del agua y cómo aprovechar sus cualidades. Hoy, alrededor de la hidroterapia se ha desarrollado un turismo de salud que nos invita a hacer una pausa en nuestro estresado ritmo de vida.

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Pero, ¿nos zambullimos en helados manantiales o en cálidas aguas volcánicas o, quizás, en barros terapéuticos? Para que nuestra elección sea la más acertada, vamos a conocer un poco más sobre aguas termales. Sin duda, una fuente de vida y de salud que despertará nuestros cinco sentidos.

¿Fría o caliente?

Los beneficios del agua termal han pasado de la fe ciega que tenían en sus propiedades los pueblos antiguos pobladores, hasta lo que hoy sabemos sobre la respuesta de nuestro cuerpo a, entre otros, su temperatura.
La hidroterapia “juega” con la vasoconstricción y la vasodilatación sanguínea. La primera es consecuencia del enfriamiento de nuestro cuerpo caliente y, como reacción inmediata, la vasodilatación, que hace que nuestra sangre circule más rápido ayudando a limpiar y eliminar sustancias patógenas, a que nuestra musculatura se caliente y aumenta nuestra oxigenación. Así, nos relaja, disminuye los dolores que podamos tener y nos da sensación de bienestar.
Por eso, una forma de clasificar las aguas mineromedicinales es por su temperatura:
– aguas frías: menos de 20ºC
– aguas hipotermales: de 21ºC a 35ºC
– aguas mesotermales: de 35ºC a 45ºC
– aguas hipertermales: más de 45ºC

Minerales que curan

¿Qué tipo de agua termal es mejor para cada tratamiento o dolencia? La respuesta dependerá en gran parte de los minerales que contenga y el equilibrio entre ellos. Vemos un tipo de clasificación atendiendo a su mineralización predominante:
1. Cloruradas
2. Sulfatadas
3. Bicarbonatadas
4. Ferruginosas
5. Radiactivas (alto contenido en Radón) (Armijo)
Cada tipo de agua y de terma es única. De ahí la importancia de que un grupo interdisciplinar (químicos, bioquímicos, geólogos, médicos, ambientalistas, etc.) encuentro su mejor uso.
En próximos post trataremos las particularidades de cada tipo de agua. Sin embargo, sí podemos adelantar unas propiedades y usos generales de los productos termales.
Algunas propiedades: antiinflamatoria, miorrelajante, antiséptica, exfoliante, astringente, modulador de la queratinización, estimulante de la cicatrización.
Su uso terapéutico: afecciones dermatológicas (como por ejemplo, psoriasis, eccemas, úlceras, infecciones cutáneas, etc.), afecciones reumatológicas crónicas (como artrosis, tendinitis, etc.), antiestrés, descontracturante, afecciones respiratorias (como rinitis o bronquitis).

Agua, vapor o fango

Hay distintas formas de disfrutar de las propiedades de las aguas termales:
1. Agua: mediante inmersión en fuentes externas o bañeras, en duchas a presión, bebiéndola en casos concretos; o el en aerosol para uso cosmético.
2. Vapor: en cabinas y a diferentes temperaturas y saturación, o inhalándolas simplemente o con nebulizador.
3. Fango o algas: aplicándolas directamente sobre el cuerpo a la cara. En este último caso en tratamientos faciales.

Oasis en la península

Como vemos, las posibilidades de la hidroterapia son casi infinitas. Podemos disfrutar de ellas en balnearios y spas en plena ciudad o también en paisajes naturales imponentes.
Si están pensando en hacer una pausa, España y Portugal son espacios únicos por su gran oferta termal. La isla de Toja, Chaves, Lanjarón, Solán de Cabras… la lista es interminable y en ellos encontrarás más que agua. Masajes, tratamientos y cosméticos tan diversos como las algas, el vino, el chocolate, el barro o el aceite de hierbas y flores… ¡a qué esperas!